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Por FEDECC


Fin de shabat. Un final de sábado muy especial, porque con él comenzaba la celebración de Shavuot.
Cuando cerca de las diez de la noche, el Seminarista Gustavo Katzuni nos daba la bienvenida, desde la hermosa Bimá del templo Beit Israel, no podíamos dejar de admirar una gran torta, que lucía “blanca y radiante” a un costado del lugar.
Antes de ello, y desde pasadas las nueve de la noche, gran cantidad de asistentes había comenzado a congregarse. Caras nuevas que se sumaban a los tikuneros estables.
El reencuentro constituyó en sí mismo un espacio para disfrutar: Fuertes abrazos, afectuosos saludos, deseos de jag sameaj, traducián la alegría de juntarnos nuevamente.
Este año la comunidad Beit Israel (para los memoriosos, el Bialik de Villa Sahores) abría generosamente sus puertas para recibirnos.
Y siete comunidades: Bami, Beit Israel, Bialik, Dor jadash, Hertzlía, Or Israel y Or jadash, representadas por rabinos, seminaristas , dirigentes y congregantes, decían” Presente”.
La expectativa era grande, este sería el cuarto tikún intercomunitario, que había nacido con las ganas y el sueño loco de un puñado de jóvenes seminaristas que un día pensó que sí, que era posible compartir una noche de estudio y de fiesta entre comunidades hermanas, entre amigos.
Gustavo, alegre y orgulloso de ser este año anfitrión, invitó a Josefa Teper, presidenta de Beit Israel a dirigir unas palabras. Fue así como nuestra querida Josefa agradeció la presencia de todos y nos invitó a celebrar juntos los ochenta y cinco años de la institución, en una emotiva y cálida ceremonia, junto a la torta de cumpleaños, y distinguió a cada una de las comunidades presentes con la entrega de un diploma.
Un organizado y nutrido programa preparado para la noche de estudio, comenzaba a desarrollarse. El primer shiur (clase) estuvo a cargo del rabino Ruben Saferstein quien nos presentó “Curiosidades del libro de Ruth”. Luego de eso, la Havdalá y la cena festiva para alrededor de las doscientas personas asistentes.
Un recital de jazanim de gran nivel , despojado de solemnidad y lleno de ruaj fue maravillosamente presentado por el seminarista Gabriel Pristzker, quien ofició de maestro de ceremonias (además de sumar su voz), y tal como había sido pensado por los jóvenes organizadores del tikún, ilustraba con un relato o explicación cada tema musical.
A lo largo de la noche se sucedieron las clases, excelentes y para todos los gustos, que nos invitaron a pensar, nos permitieron aprender , nos dieron la posibilidad de debatir temas y posturas en un espacio ideal, en un tiempo ideal y en un estado ideal.
Cada cofee break, suerte de separador de las clases, fue la excusa para las charlas, los encuentros, la posibilidad de conocernos más, de seguir compartiendo, de proyectar nuevos desafíos juntos.
Casi sin darnos cuenta, amanecía cuando finalizaba el shiur de Grinchu (Sebastián Grimberg), y comenzaba la tefilá de la mañana, que dirigirían con todo el ruaj los organizadores del tikún.
Toda la fuerza y alegría de la tefilá con un vibrante Halel colmaba nuestros corazones y nos preparaba para el gran momento: Escuchar la lectura de la Torá, los Diez Mandamientos, desde la belleza de la voz , la fuerza y el corazón de Yanina Grinberg y Lili Gurevich, que parecían venir de una noche de descanso, por la energía que desplegaron durante la lectura.
Dejamos el emblemático shil del barrio de La Paternal, felices, plenos, casi sin percibir que habían pasado doce horas desde que habíamos llegado allí.
Gracias a todos, y en el nombre de Gabi Pristzker, a los organizadores del tikún por lo hermoso del encuentro y por el nivel de las clases, por la generosidad con que compartieron todo.
A los jazanim de las kehilot participantes, quienes sumaron belleza a la noche y clima de comunidad, de tarea compartida. A Damián Henquin, y con él, el agradecimiento a los músicos que acompañaron a cada jazán o jazanit, sin importarles a qué kehilá representaban y poniendo lo mejor de ellos. A Marcelo Bater quien este año se integró a este encuentro, brindándonos su shiur.
Gracias a Ari Blufstein y a Fedecc por estar, por ser parte siempre, por acompañarnos.
Y ajarón, ajarón, a Beit Israel, que en todo momento nos hizo sentir como en casa.
El próximo Shavuot, Dios mediante, será la cita obligada - y esperada- en alguna de nuestras kehilot, para seguir apostando a compartir comunidad.

Ishar coaj a todos!

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