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Por FEDECC

Si la propuesta era “aumentar la alegría”, tal como se nos indica hacer durante el mes de Adar, la misma se cumplió con creces la noche del miércoles último en Murillo, en ocasión de la celebración de Purim.
Un solemne Luis XV, un gracioso alrequin y un payaso panzón ( Ruben, Gabi y Álvaro) dirigirían los servicios religiosos. Personajes travestidos, en una noche en la que nos permitimos “ser otros” y en la que la solemnidad da paso a la alegría y al desenfreno.
Un cura, una reina del Nilo, una payasa, un serio detective, se mezclaban entre una gran cantidad de chicos y adolescentes que habían trabajado en la producción del disfraz de manera increíble: momia, indiecita, princesas, doncellas, hombres araña…y ¡hasta un saquito de té!
Un capítulo especial mereció la caracterización de los personajes disfrazados gracias a la gente de Metamorfosis (¡una vez más!), con Romina liderando la labor de maquillar de manera artística a cada uno de los asistentes. Este año, el staff ampliado, permitió ver a Marisa Saferstein y a su hija Julieta en la hermosa tarea de “transformar” rostros.
Una noche alegre, que nos permitió además, cumplir con dos de las mitzvot de Purim: mishloaj manot “enviar presentes a los familiares y amigos” y la de matanot la evionim “dar regalos a los necesitados” puesto que la fiesta comenzaba así: Cada asistente recibía una colorida bolsa de golosinas a la vez que traía un alimento y $5 (simbolizando el medio shekel de la época del Templo) para tzedaká.
Luego de disfrutar saludarnos, sorprendernos ante cada disfraz (cada año la producción es mayor) del que cada uno guarda el secreto celosamente hasta ese momento, se daba el comienzo de la tefilá de Arvit y de la lectura de Meguilat Ester.
Como cada año, su lectura suscita el entusiamo de chicos y grandes al escuchar la historia -digna de una novela de ficción- que representa la salvación del pueblo judío de las manos de un malvado, gracias a la heroica e incondicional acción de una mujer que sintió y actuó simplemente pensando en su pueblo.
Gritos, aplausos y ruidos de cornetas y toda suerte de elementos para hacer ruido, que también fueron proporcionados a los asistentes al llegar al templo, junto con bonetes, adornos y todo tipo de cotillón, fueron usados para no dejar oir el nombre del malvado Amán durante la lectura de la meguilá.
El preludio de la mitzvá que faltaba cumplir, puesto que se hace al día siguiente, que es el banquete de Purim, lo pudimos concretar saboreando unos exquisitos oznei amán , (umentashn) que compartimos con alegría al final de la hermosa velada.


Jag sameaj!
Cita Litvak
Secretaria General Comunidad Dor Jadash